| |
MEMORIA DE NEPAL.
Introducción.
El viaje a nepal representa uno
de los viajes más ambiciosos del
Club Universitario de Montaña de
Murcia. Supone un largo viaje hasta un
país asiático, y llegar
hasta los lugares que un día pisaron
hombres como George Mallory, Irvin, Hilary...
y tantas leyendas del alpinismo.
Un viaje
de esta envergadura requirió una
preparación previa, y la dedicación
de muchas horas y contactos con guías
locales para organizar el viaje de 24
personas que, a la postre fueron más,
y que necesitó de una gran infraestructura
y coordinación.
Especial
mención a la persona de Manolo
Cañizares, presidente del club,
el cual dedicó muchas horas a preparar
este viaje, en un nuevo ejemplo de generosidad
y buen hacer.
El Viaje hasta Luckla.
Salir desde España y llegar a Katmandú
supuso muchas horas de avión, muchas
horas de espera en aeropuertos, y la llegada
final a un aeropuerto de Katmandú,
donde como no podía ser de otra
manera, regía la desorganización
organizada propia de los países
en vías de desarrollo.
La
llegada se produjo en un estado de expectación,
aterrizábamos en el Nepal, en el
país de las montañas, y
la primera preocupación era ver
llegar todo nuestro equipaje. Hubo suerte,
y salvo una maleta, llegó todo,
material para la escalada final, para
el treking, piolets, crampones.........
Un ejército de personas nos esperaba
a la salida de la terminal, algunos incluso
entraban en el interior de la misma, el
objetivo era coger nuestras maletas y
cobrar unas rupias. Los niños pedían
dinero, y todo el mundo quería
portear algún equipaje.
La
lluvia caía con fuerza y fuimos
haciendo llegar todas las mochilas, petates
y demás enseres hasta el maletero
del autobús, faltaba una maleta,
y la partida se demoró hasta que
se hizo la oportuna reclamación,
y partimos hacia el hotel.
Dentro
del autobús fuimos agasajados con
collares de flores. El guía de
la expedición, Rabindra, hizo los
honores, y todos vivíamos una atmósfera
de expectación y optimismo. Surgían
las primeras conversaciones con los guías,
las primeras preguntas, las presentaciones...
hasta la llegada al hotel. El autobús
no podía acceder hasta la puerta,
se quedaba a 100 metros, así que
tuvimos que marchar corriendo bajo la
lluvia con todos los petates hasta la
puerta del hotel. La lluvia era muy fuerte,
la oscuridad reinaba en la larga calle
y de vez en cuando se metía el
pié en profundos charcos.
Tras entrar en el hotel con todos los
bultos, repartimos las habitaciones, y
cenamos los que teníamos más
hambre, y por fin, una cerveza.
A
la mañana siguiente llegó
la luz del día, y pudimos ver Katmandú
a través de la ventana, una bella
vista de edificios llenos de colores;
la vista desde el Hotel era buena, y se
respiraba el frescor después de
una noche lluviosa.
El
barrio era pintoresco, agradable,
pero el conjunto de la ciudad era
caótico, sin normas de tráfico,
sin aceras, sin saneamiento, sin
las más mínimas condiciones
de salubridad. Para mi era un choque
absoluto, sabía por documentales
que existían estos lugares,
pero los hacía mas hacia
la India o Pakistán, y estaban
aquí. Algunas calles alejadas
del centro eran auténticos
basureros que descendían
hasta el Río, |
|
|
un flumen de excrementos y desperdicios
que serpenteaba entre basuras y perros
que buscaban alimento. Para alguien
que no había estado antes en
un lugar así, el choque era
brutal, y la cantidad de información
en entraba por lo ojos, difícil
de asimilar y de ordenar interiormente.
Esa gente vivía de otra manera,
pero vivía, y en apariencia
eran felices. No se. |
El
primer día por Katmandú
fue un día de compras, de
visitar el barrio donde nos hallábamos,
un lugar muy turístico, con
restaurantes, tiendas a cientos,
muchos movimiento de gente, coches,
motos, y muchos lugareños
que se acercaban ofreciendo productos
de lo más diversos. Cada
diez metros alguien ofrecía
bálsamo de tigre, alfombras,
ropa de montaña, collares,
objetos de madera... la actividad
en las calles es frenética,
y reina un clima de preparación
de la expedición. Todos aquellos
que no han preparado suficientemente
bien su equipo para el trekking,
pueden ahora comprar cosas como
bastones, capas de lluvias, ropa...
y casi todos, los paraguas. Esos
enormes paraguas multicolores que
nos acompañarían durante
todo el viaje. |
|
A
la noche, seguíamos adquiriendo
objetos varios, y ya empezábamos
a degustar la cocina de algunos
lugares típicos.
Partíamos
al día siguiente hacia el
aeropuerto, para coger una avioneta
a Lukla, lugar al pié de
las montañas, a una hora
de vuelo, y que daba acceso a la
ruta de los Himalayas. Se podría
ir en autobús,pero eso representa
cuatro días de viaje por
carreteras tortuosas.
La llegada a Lukla fue extraña
para mi, no había coches,
no había bicicletas, no había
caminos más anchos de un
metro, no había motos...
y aún no había visto
nada. El primer momento consistió
enreunirnos en un lodge cercano,
donde los porteadores procedieron
a repartirse los petates que traíamos
con nosotros, y que portearían
ellos día tras día,
de lodge en lodge. |
|
|
En
un primer momento nos pareció
que trasportaban demasiada carga,
eran tres bultos de media por porteador,
y algunos parecían tener
14 o 15 años, al final así
resultó ser, pero la dureza
de aquellos chicos, niños,
nos sorprendió a todos, y
con el paso de los días,
terminamos por sentir un respeto
y casi admiración por ellos.
|
El
día empezó como terminaban
todos, con té, té
de jengibre, té negro, té
nepalí, un té con
leche que se tardaba más
en hacerse, y en definitiva con
líquidos. La primera preocupación
de los organizadores del Tour era
que comiéramos y bebiéramos
mucho. Era primordial para evitar
deshidratación, y mitigar
los efectos del cansancio y el mal
de altura.
No
vimos prácticamente nada
de Lukla, cruzamos sus calles, e
inmediatamente penetramos en las
montañas. |
El
Trekking.
Es difícil hacer una síntesis
de cómo fue el trekking, creo que
para cada uno fue de una manera. Para
algunos fue duro y difícil, para
otros exótico, para otros una prueba
de psicología y fondo físico...
Los primeros días transcurrieron
por valles de una belleza increíble,
se sucedían las gargantas de agua
con bosques de árboles, flora,
y todo salpicado de pequeñas villas
y lodges que permitían la pernocta
y el descanso.
El
hecho de que hiciéramos el
trekking en temporada baja nos permitió
transitar por todos esos caminos
sin cruzarnos con la marabunta que
representa el ir en otros meses,
por el contrario, teníamos
el Monzón, lo cual significaba
lluvia todos los días, y
a veces, todo el día.
|
|
| Los
primeros días de lluvia se
portaron muy bien, llovía de
noche, y andábamos durante
el día. Se sucedían
los paisajes enormes, llenos de colores,
de verdes intensos, de pequeños
pueblos donde la gente nos miraba
y los niños se nos acercaban.
Las casas eran muy humildes, de una
extrema humildad, sin suelo, oscuras,
con una pequeña cocina precaria,
y sin servicio de agua o saneamiento.
La luz llegaba a algunas casas gracias
a unas pequeñas placas solares
que había encima de las casas.
Éstas debían de suministrar
poca energía, pero la suficiente
para que unas pequeñas bombillas
o diodos iluminaran una estancia. |
|
El
único medio de transporte
eran los Jaks, algún caballo,
y la fuerza humana. Cientos de hombre
recorrían aquellas laderas
montañosas subiendo y bajando
enormes desniveles para hacer llegar
los elementos más esenciales
hasta los poblados más alejados.
A la espalda de aquellos hombre,
y cogidos por la frente gracias
a un cordel grueso, viajaban mercancías
como maderas, cafeteras, comida,
bebidas, ropas... todo lo que uno
pudiera ver con sus ojos, teniendo
en cuenta que más allá
de Lukla no hay industria o manufacturas,
a lo sumo carpinterías o
alfarerías. |
| |
|
|
La
marcha por los caminos representaban
un continuo subir y bajar, no hay
caminos planos, solo en la ribera
de algunos ríos, y no durante
mucho tiempo. De vez en cuando la
orografía cierra el valle
y obliga a cruzar a la otra orilla,
lo cual significa cruzar más
de cincuenta metros de río,
y ello obliga a transitar más
de cien metros por un puente colgante
que se sustenta gracias a cables
de acero. Antaño estos puentes
eran inexistentes, y cuando los
había, eran de madera, en
los tramos menos anchos, pero aún
así, más de una vez
había que vadear los ríos
solo en un periodo del año,
lejos del Monzón. |
 |
La
sucesión de paisajes hacía
que cambiara la fauna y flora, ascendíamos
poco a poco, y la vegetación
cada vez era menor. Pasamos del
bosque de ribera y temperaturas
agradables, a lugares donde solo
había canchales de piedras
musgos, líquenes, arbustos,
pájaros del tipo de los córvidos...
y poco más.
.
|
La
pernocta en los Lodges fue mejor de
lo esperado, ya nos habían
entrenado en España psicológicamente
para lo peor, sin embargo, teníamos
habitaciones con dos camas, una manta,
lo justo para reposar después
de ocho horas de caminata. Siempre
había un pequeño o no
tan pequeño salón donde
hacer vida en común, secar
la ropa al calor de una estufa, y
poder cambiar impresiones con el resto
del grupo.
Me atrevería a decir que los
primeros días se sucedieron
muy rápido, estábamos
fuertes, optimistas, y el paisaje
era alucinante |
La
pernocta en Namche Bazar fue muy especial,
desde la ventana del lodge se veía
todo el conjunto de casas formando un
circulo, el que forma la orografía
del la ciudad. Había lodges por
todas partes, la mayoría cerrados
debido a la temporada baja, el nuestro
estaba lleno, estábamos nosotros,
y eso era suficiente para llenar cualquier
establecimiento. Había lavanderías,
ciber-cafés, pequeños establecimientos
donde tomarse un dulce o un té,
y como siempre, tiendas donde comprar
ropa de montaña a muy buen precio.
La mayoría de las prendas eran
de una conocida marca, y casi todas falsas,
se podía apreciar membranas de
igual nombre, pero que al tacto se comprobaba
que eran diferentes.
Namche
Bazar permitía vivir esa vida de
las montañas que muchos habíamos
imaginado, un paseo por un poblado montañoso,
calles empinadas, el ambiente montañero
por todas partes... llegué a pensar
que todo lo que nos íbamos a encontrar
iba a ser así.
La
marcha de este lugar abrió la puerta
a una fase del viaje donde desaparecerían
las comodidades, los ciber-cafés,
las tiendas de dulces… a partir
de ahora iríamos de lodge en lodge,
subiendo y bajando montañas, y
el tiempo cambió, empezó
a llover de diario, y se empezó
a poner de moda el uso del paraguas.
La
llegada a uno de los lodges se vió
protagonizada por la enfermedad de uno
de los integrantes del grupo. Una chica
tuvo mal de altura, y lo que empezó
por un sonrosamiento de los labios acabó
por ser el inicio de un encharcamiento
de los pulmones, por un toser agua, y
finalmente un edema pulmonar en toda regla.
A mi personalmente me marcó bastante
aquello; me di cuenta de que las situaciones
complejas estaban a la vuelta de la esquina,
no hacía falta caerse, solo era
necesario un cambio de altura y presión.
El tema de la aclimatación se volvió
más importante de lo que pensaba,
ya rondábamos los 4000 y pocos
metros, y aún no habíamos
alcanzado los esperados 5300 a los que
encontraríamos en uno de los pasos
de montaña.
|
La
chica en cuestión hubo de
ser bajada a espaldas de un sherpa
durante dos días hasta llegar
a un hospital de montaña,
donde recibió los cuidados
necesarios para salir de aquel estado.
El resto del grupo siguió
su curso, y los días se sucedieron
transitando por lugares más
aislados, mas agrestes, mas fríos,
y también más bellos.
La lluvia nos acompañó
en todo momento, y algunas caminatas
empezaron a hacerse un poco más
difíciles para algunos.
Especial mención merece el
día que estuvimos en Gokyo,
un lugar precioso, a la orilla de
uno de los tres lagos del valle.
Enfrente del Lodge estaba el Gokyo
Pick, un monte de 5360 metros aproximados,
y con una ascensión fácil.
La subida comenzó cruzando
un río, y pronto llegaron
las primeras rampas. No todos subieron,
y algunos decidieron permanecer
en el lodge, sin embargo la mayoría
ascendió, y lo que parecía
una fácil ascensión,
para algunos fue una odisea. |
| |
|
Las
condiciones del cuerpo humano, lo
que podríamos llamar factor
genético, se hicieron claves,
de forma que a cada uno le afecta
la altura de una manera, sin que
para ello deba de ser especialmente
importante la musculatura, el fondo
físico, la experiencia....
Hubo miembros de la expedición
que subieron con relativa facilidad,
y otros que apenas avanzaban, como
si el oxígeno no llegara
a las piernas. Fue aquí donde
aprendí que hay que ascender
despacio pues el cuerpo no tiene
la capacidad de recuperación
que tiene a cotas más bajas;
un exceso se paga caro, y si el
cuerpo se fatiga, puede que requiera
un parón de mucho tiempo
para volver a trabajar en condiciones
normales. |
Mi ascensión al Gokyo pick fue
de las experiencias mas bellas y duras
de mi vida, una ascensión fácil
convertida en una odisea por culpa de
la altura y la falta de oxígeno.
Llegar a la cima fue algo que rozaba el
límite humano, aunque algunos ya
partían para abajo sin apenas notar
efectos. Uno no sabe si no está
preparado, o hay algo más. Luego
el descenso rebelaría que hay algo
más. El dolor de cabeza, debido
entre otras cosas por lo rápido
que se descendió, hizo que más
de uno debiera tumbarse en la terraza
del lodge y mitigar de alguna manera el
dolor. A veces parece que la cabeza va
a estallar. Algunos han de recurrir a
vasodilatadores, aspirinas o cualquier
otra cosa que ayude al organismo.
En la
cima del Gokyo pick vi una escena que
nunca había visto y que me llenó
de emoción. Un serpa bendecía
unas banderas con plegarias, de esas de
colores, y para ello encendía un
fuego, pasaba las banderas por encima,
y recitaba unas palabras en su lengua
natal. Tras bendecir las banderas, las
colocó en unas rocas de la cima,
y se unieron a las que allí había.
La emoción del momento fue increíble,
puede que debido a la sugestión,
a la situación mental aún
no superada. Desde la cima se veía
el Everest, la cima más alta del
mundo, y nosotros estábamos a más
de 5300 metros, aquello era lo que buscábamos.
 |
Tras
la ascensión a esta montaña,
se sucedieron muchas situaciones
que fueron haciendo el viaje más
duro, mas bello, y uno tomaba conciencia
de donde estaba. En un principio
parecía la visita a un parque
nacional, pero estábamos
en los Himalayas, el lugar donde
se hallan las montañas más
altas del mundo. |
| |
Salir
de Gokyo implicaba cruzar un glaciar
para poder llegar a Dragna, y al
día siguiente ascender por
un paso de alta montaña,
el Cho-La. El paso del glaciar fue
épico. El glaciar, con su
constante movimiento, había
cambiado el curso del camino, y
eso significaba que había
de encontrarse otro paso. Los guías
recorrieron el glaciar, uno incluso
se metió en el agua hasta
la cintura, y finalmente encontramos
el paso. Menos mal que lo encontramos,
unos metros atrás habíamos
dejado un paso muy peligroso, un
lugar que estaba sometido a los
continuos derrumbamientos de piedras,
y cuya caída podía
ocasionar una desgracia. Estábamos
en un lugar que nos hacía
vulnerables, y embutidos en nuestros
trajes de Gore Tex, la visión
de aquellos porteadores de quince
años en chanclas, en mitad
del hielo y de la nieve, daba mucho
que pensar. Era gente muy dura,
acostumbrada a los elementos, eran
como perros salvajes que estaban
acostumbrados a dormir a la intemperie.
Nosotros parecíamos turistas
al lado de bestias aclimatadas al
lugar. |
Al final
conseguimos pasar el glaciar, y dormimos
en otro lodge. El descanso fue merecido,
y justificado, el día siguiente
sería un punto de inflexión
para muchos.
|
La salida de Dragna dio lugar a
una ascensión y pronto divisamos
el Cho-La, el paso a 5330 metros,
un paso por un terreno de rocas y
coronado por una planicie en la que
había un lago. Era algo extraño,
se subía por un cañón,
y cuando se coronaba, te esperaba
un lago helado. La ascensión
se hizo extremadamente dura para algunos,
lo que primero era lluvia luego se
convirtió en nieve, y los serpas
subieron con sus precarios calzados
por mitad de la nieve y el hielo,
y llegaron a la cima del paso. |
| Algunos
miembros de la expedición
llegaron muy rezagados, y hubieron
de necesitar ayuda de compañeros
para poder seguir el ritmo a duras
penas. Una vez en la cima nos pusimos
las polainas, y los serpas iniciaron
el camino cruzando el lago helado.
Otra de esas escenas de locura.
Primero había que descender
por una rampa de hielo, después
se llegaba a una capa de hielo que
no se sabía su grosor, y
finalmente seguir el rastro dejado
por los serpas y no salirse del
mismo. Todo ello bajo una ventisca
de nieve y sin la seguridad de que
el hielo no fuera a ceder bajo nuestros
pies. Pero si los serpas habían
pasado con los petates, se supone
que nosotros también lo haríamos.
El paso del Cho-La representó
para muchos un antes y un después
en el viaje. La llegada a Lobuche
fue algo deseado por muchos, algunos
tardaron 14 horas de dura montaña
desde la salida. Dormimos en dos
lodges separados por el río,
y uno de ellos era una nevera. La
humedad mojaba las paredes, y en
su enorme salón planificábamos
como el grupo se iba a dividir en
dos, cada uno seguiría ahora
dos rutas distintas. Un grupo que
decidió no subir al Island
Pick, y otro que prefirió
subir al Kala Pathar y descender
en dirección a Nanche Bazar |
El
grupo que marchó al Island pick
estaba formado por doce personas, los
que se supone estaban en mejor forma física,
los que aspiraban a ascender un 6000.
Ibamos a encontrarnos con el material
de escalada que habíamos mandado
con sherpas dos semanas atrás,
y ascender un pico de cierta categoría.
La aproximación
al Island pick fue a través
de largos valles, la primera noche
dormimos en Pheriche, y la segunda
en Chhukhung, a 4730 metros. Todo
el recorrido era por inmensidades
de lugares que no tenían
fin, ríos que se cruzaban
en torrentes unos con otros, canchales
de piedras y ni un solo árbol
en kilómetros... Tras dos
días de marcha llegamos a
la famosa tienda amarilla, aquella
de la nos hablaban, la tienda donde
cenaríamos filetes de jack
y programaríamos la ascensión.
|
|
La
llegada fue dura, el valle nunca
se terminaba, el calor era tórrido,
parecía mentira que estuviéramos
a esa altura y rodeados de nieve
y hielo. No hubo filete de jack,
y el lugar era precario como él
solo, como lo que habíamos
visto en los documentales. Tiendas
en mitad de la nada, piedras, una
fuente que manaba en la base de
la montaña... y poco más.
Sobre nosotros el Island pick, con
sus 6189 metros. |
Una
vez más, cada uno tiene sus
sensaciones, sus puntos de vista,
mientras que unos piensan en descansar,
dormir todo lo que puedan, otro
salen temprano a fotografiar las
enormes moles montañosas,
los glaciares, las morrenas...
|
|
La
subida al Island Pick conllevaba
ascender más de 1200 metros
en una noche, algo que algunos ya
habíamos hecho anteriormente
en Alpes, sin embargo, otros factores
iban a decidir la ascensión
al macizo montañoso. Nada
mas llegar al campo base del Island
pick encontramos las tiendas de
campaña ya montadas, una
temperatura de verano, y un clima
impropio del lugar. A la tarde se
puso a llover y bajó la temperatura.
Se nos sugirió practicar
con los Jumars, por una cuerda previamente
colocada. Nadie practicó,
ello conllevaba mojar el equipo,
y era mejor guardar fuerzas. A la
tarde-noche tuvimos la reunión
con el guía de la ascensión,
el que nos iba a guiar hasta la
cima. La información que
se nos dio es que íbamos
a tener temperaturas de más
de 20º bajo cero, enormes grietas,
y una ascensión complicada
con nieve muy blanda. Tras una puesta
en común sobre los distintos
puntos de vista, decidimos no ascender,
no había equipo para ascender
a 25º bajo cero, y la posibilidad
de mal tiempo podía incrementar
la sensación térmica. |
Sin
embargo, Evaristo Martínez, decidió
ascender. Para nuestra sorpresa, Evaristo
ascendió, y solo cuando el guía
decidió no seguir progresando,
por razones que a día de hoy desconocemos,
inició el descenso. Mis más
profundos respetos a Evaristo, un montañero
que se arriesgó, que llegó
hasta donde le dejaron, y que demostró
no verse afectado por el mal de altura.
En definitiva, una persona preparada para
la montaña, demostró reunir
la mayoría de las características
del buen montañero. Tuvo aplomo,
tolerancia a la altura, fondo físico,
buena relación con los compañeros...
un honor haberlo tenido como compañero
en esta expedición.
Tras
descender Evaristo, iniciamos la marcha
hasta Namche Bazar, en solo dos jornadas
hicimos un camino que se suele hacer en
tres o cuatro. La lluvia seguía
acompañándonos todo el camino,
las horas de marcha afectaban a más
de uno. La llegada a Namche Bazar se vio
precedida de nuestra visita a un templo
budista, eso le dio una pincelada de romanticismo.
Pudimos disfrutar de una visita a la sala
donde realizan sus rezos.
|
La
llegada a Namche Bazar fue de noche,
una dura jornada de andar por esos
caminos subiendo y bajando. En el
camino nos cruzábamos con
algunos hombres y jóvenes
que estaban bebidos, venían
de alguna fiesta. Era curioso verlos
dirigirse a su poblado por mitad
de la montaña, como el que
va por la calle camino de casa. |
|
La
llegada final fue motivo de alegría,
el grupo se unía de nuevo,
el grupo del Island pick y el que
decidió marchar al Kala Phattar,
el mirador natural del pico Everest.
Habían hecho una bonita ascensión
pues ya estaban bien aclimatados
y habían podido ver el Everest
y algunas de las montañas
mas altas del Himalaya.
Partimos
todos juntos a Lukla para coger
la avioneta y marchar a Katmandú,
y como tantas veces ha sucedido,
la niebla nos impidió marchar.
Estuvimos un día más,
y finalmente la avioneta despegó.
|
Llegar
a Katmandú significó un
periodo de cuatro días para conocer
mejor la ciudad. Tuvimos la oportunidad
de comer en restaurantes coreanos, japoneses...
hacer las últimas compras, y visitar
más templos y plazas típicas.
La
ciudad seguía ofreciendo
todas sus caras, la exótica,
y las que dejaban entrever la pobreza,
la suciedad, la amabilidad de la
gente, el caos del tráfico,
el ruido de los cláxones
de los coches,...
En
definitiva, una experiencia que
nos permitió experimentar
muchas cosas, y enriquecernos como
personas. Supimos qué es
la verdadera alta montaña,
cómo viven las personas del
tercer mundo, descubrimos lugares
increíbles a los que sólo
se llega andando y tras muchos días
de travesía.
|
|
Un
viaje que muchos deberían de hacer,
para darse cuenta de la enorme suerte
que tenemos de ser montañeros,
de tener prosperidad, y de poder caminar
por el mundo.
Jorge Robles Reyes.
En
el día de nuestro señor
de 22 de Octubre del 2008.
|
|